Tranquilo!, Marck Zuckenberg

Seguramente antes de haber leído estas líneas se puso a ver el video. Quizás ya lo había visto, pues tuvo una viralidad impresionante: fue visto unas 700 mil veces en las 10 copias que circulan en YouTube. Y es que esta parodia de Facebook llevada a la vida real es una pegada. Yo por lo menos ya gasté el video de mirarlo, pero me sigo riendo. Pero si el video divierte, el producto que promociona más aún. Faceboom, el libro, es lectura obligatoria para todos los que aman Facebook y los que lo odian.

Su autor, Juan Faerman, es un guionista y publicista argentino, con un sentido de la ironía y sarcasmo digno de envidiar. El libro ya está a la venta en Argentina, y seguramente en las librerías uruguayas. Igual se lo puede comprar on line en el sitio oficial. Y sino le alcanzó el video, acá le dejo un fragmento del capítulo Asisitiré… erguido frente a todo…. Su lectura no es ningún desperdicio:

(…) Unas líneas más arriba comentábamos que Facebook es un universo o territorio virtual, sin leyes explícitas, más que la declaración de privacidad que todos aceptamos sin leer al crear nuestro perfil de usuario. Esto, si bien es verdad, tampoco supone que no existan algunas normas establecidas por los propios habitantes del “Mundo Facebook”. El problema principal radica en que estas reglas son tácitas y, por ello mismo, su aceptación y cumplimiento dependen de la buena (o mala) voluntad de cada uno, sin mayor riesgo de ofender o dañar a alguien en caso de no seguirlas. Aún así, no existen penas o condenas (también tácitas) para aquellos que osen infringirlas, ni tampoco se premia al ciudadano dispuesto a dar el ejemplo.

Una cosa es la virtualidad, donde si uno promete y después no cumple, no sucede absolutamente nada, y otra muy diferente es la realidad que, como el diablo, mete la cola, haciendo que uno espere ingenuamente que nuestros amigos virtuales cumplan con sus promesas de carne y hueso. O viceversa. ¿En qué casos podría suceder? Mucho más a menudo de lo que uno podría suponer.

Por ejemplo, cuenta la historia, reciente, pero historia al fin, que Cumbio  alcanzó el estatus de casi-celebridad (o celebridad temporal, o quizás el tiempo demuestre que estamos presenciando el nacimiento, aunque no seamos los padres ni lo querramos ser, de una celebridad absolutamente consolidada), entre otras cuestiones, porque tuvo la idea de trascender el plano virtual de su comunidad y llamó a una reunión de floggers en un espacio físico. También narra la historia que esta convocatoria tuvo éxito, y empezó a crecer de tal manera, que la fama de su impulsora no tardó en proyectarse más allá de su contexto de origen. Y no es que Cumbio tenga un talento especial o un carisma que sobresalga del resto; simplemente se trata de una adolescente de clase media que tuvo una idea que coincidía con un deseo latente –aunque para nada necesaria en una tribu urbana aglutinada por una página, cuyo casi único objetivo es publicar fotos y comentarlas-, y por lo tanto fue adoptada de inmediato (…)

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